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jueves, 13 de octubre de 2011

Sobre los Sueños

 
    No es fácil la vida de quien recuerda todo lo que sueña. Menos aun la de quien es conciente de que lo que está viviendo es un sueño. Lamentablemente, yo pertenezco a ambas categorías. Cada noche al dormir y cada mañana al despertar el dolor se apodera de mi alma. Existen en la esfera onírica solo dos caminos y de cada uno de ellos es imposible regresar sin sufrir. 
   Uno de ellos nos arrastra al infierno; en el toman forma nuestros peores miedos, incluso miedos que aun no conocíamos. Solo pensar en este tipo de sueños me hace desear no volver a dormir.
   El segundo camino nos lleva al cielo. En este tipo de sueños, todos nuestros deseos se vuelven tangibles, los muertos vuelven a la vida y poseemos el poder de hacer volver realidad cualquier cosa a nuestro capricho. De este tipo de sueños; se vuelve aun más desdichado ya que sabemos que nuestros deseos vuelven a ser solo deseos, los muertos a ser solo muertos y recordamos también que nada sucede nunca a por capricho nuestro, si no de vaya uno a saber que ser universal.
   Hay, según dicen, un tercer tipo de sueños en los cuales todo es normal, casi como si fueran un simple recuerdo, de los cuales no se vuelve ni feliz ni triste. Por mi parte envidio, si es que existen, a quienes tienen este tipo de sueños.

Calaveras


-Texto inspirado en la tapa del libro Ojos de Perro Azul de Gabriel García Marquez-
    Baila pequeña calaquita, baila mientras tus piernas te lo permitan. Deja que tus desgastados huesos sin vida marquen el compás de esta danza imaginaria. No permitas que el mundo apague nunca esa llama que ni la muerte logró extinguir. En esta noche de locura, todos seremos eternos.
 -Dedicado a Verene Snopek, dueña de dicho libro-
 (Este texto es corto y salió muy rápido así que decidí subirlo directamente. Ni ganas de escribirlo en el cuaderno, vale aclarar también que nunca leí el libro tampoco. Algún día lo voy a leer, por el momento me arreglo con la tapa sola.)

Noemí

-Texto Dedicado a Alejandro Dolina-

    Se llamaba Noemí. Era una joven de escasos 20 años, dueña de una increíble figura. Algunos se atrevían a decir que era la mujer más linda del barrio. Lo único en lo que todos concordaban era en que estaba loca. 
     A través de los años fue consumiendo sola en su casa cuanto libro se dejara a su alcance. Vivía sola, pese a estar rodeada de criados. Día a día ella despertaba en su cama, la cual parecía permanecer eternamente arreglada. Mientras dormía; los criados limpiaban todo a su alrededor, preparaban la comida y dejaban sobre su escritorio un nuevo libro. Estas eran las instrucciones que dejó su madre antes de morir, dejándole una herencia que parecía iba a durar por siempre. Si alguna vez se despertaba y veía a alguien en la habitación, prorrumpía en ataques de locura y llanto que duraban por horas.
     El día que cumplía los dieciocho años llegó a sus manos "el Libro del Fantasma" de Alejandro Dolina. Por algún extraño capricho del destino; vino Noemí a enamorarse de Manuel Mandeb, uno de los personajes que pueblan todos los libros del autor. Desde ese día, cada noche soñó con Manuel y lloró cada mañana por saber que Manuel nunca la amaría. Día a día escribió cartas que iban a parar a un cajón oculto en el escritorio de su difunta madre.
     Uno de los criados; el más joven, el que lloraba cada noche el amor que sentía por ella decidió tener el mayor gesto de amor que un hombre puede tener. Ante la imposibilidad de hacerle llegar las cartas al autor, decide tomar él mismo el lugar del escritor. En forma de cartas le hace saber a Noemí que su nombre es Manuel Mandeb, que conoce sus sentimientos y que además, estos son correspondidos. Al principio, la joven sospecha, pero el deseo puede más que la razón y acaba por ceder al amor epistolar que la pobre prosa de su criado logra expresarle.
     Desde la primer carta ha pasado ya un año, Noemí ha aceptado concretar, por primera vez desde que tiene uso de razón, un encuentro con un ser humano que no sea su madre. Solo sé que sera un encuentro cargado de amor en su estado más puro, no conozco los detalles ya que aún no ha ocurrido, pero confío en que dios protege a los enamorados y a los locos. Después de todo, son el mismo tipo de persona.

La palabra


   Cientos de páginas se han escrito tratando de encontrarla. Miles de biromes se han desangrado, consagradas a la búsqueda de esa palabra exacta que venga a justificar su muerte. Miles de personas con sueños de escritor se han dado de bruces contra la dura realidad de no poder encontrarla. Horas y más horas gasté, confinado entre las cuatro paredes de mi habitación tratando de encontrar esa palabra que venga a justificar mi mediocridad e hiciera mis textos amables a la vista. Debo reconocer ahora que nunca la encontré. Creo adivinar que nunca nadie lo hizo. Esa palabra no existe, es la propia genialidad de los grandes escritores la que les permite crear, con palabras mediocres, textos de tamaña magnificencia como son los grandes clásicos de la literatura. A pesar de esto, de la inexistencia de tal palabra, la búsqueda nunca debe cesar. Nunca debe dejar de buscarla aquel que sueñe ser escritor. El fin de esta búsqueda no es encontrar esta palabra si no que es aprender, en el camino, a amar y utilizar todas y cada una de las palabras que otrora considerábamos mediocres. Este es, como tantos, otro de los textos que se escribieron tratando de alcanzar esa utópica palabra.