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viernes, 16 de mayo de 2014

Las arenas

(La historia se traslada a http://nikuysusarenas.blogspot.com.ar/ para no mezclarse con los demás textos)

Prólogo: 

Acercándose a la arena, no logra entender como terminó en esa situación; tampoco le importa. Es lógico, las drogas hicieron estragos en su razón. Cada gota de sangre que derrama lo acerca un poco a la muerte y sin embargo, el sigue adelante. Ya no es un hombre, es una bestia, es el despojo de una bestia que, lastimada y maloliente, se acerca a otra en igual circunstancia. Quien sabe que delito lo condenó a este destino si es que realmente cometió alguno. Las voces se elevan en las plateas, están ansiosos de ver sangre. Y esta no se hace esperar, un golpe certero de sus manos derriba a su oponente. Lo demás es historia repetida. Se abalanza sobre su presa y la golpea ferozmente con ambos puños. El instinto lo hace buscar la cabeza. El público se enardece y los gritos de los contrincantes se pierden entre la multitud. Tomándolo de los pelos, golpea una y otra vez su cabeza contra el suelo. Su enemigo ya dejó de moverse hace tiempo, pero algo lo impulsa a seguir. Es obvio que al público le agrada, y el está ahí para satisfacerlos. El público, su gran proveedor; cada moneda que le arrojan, cada apuesta, cada ovación de pie que le regalan no hace más que agrandar su dosis. La droga que le suministran es lo que lo impulsa más allá de lo humano. Su razón murió hace tiempo, pero él tiene por qué vivir. La droga es su cielo en la tierra, y no piensa dejar que un debilucho que ya no se mueve se la arrebate. Una enorme compuerta se abre y varios agentes armados salen a buscarlo. Lo toman de los brazos y lo esposan, pero él no ofrece resistencia, él va con una sonrisa hacia ellos. Los busca con la mirada buscando su aprobación. De pronto la bestia deja de serlo y se convierte en un perro faldero. Un agente se adelanta y sin titubear desata un huracán de fuego proveniente de una manguera sobre el cadáver aun tibio. El combate queda oficialmente cerrado, el olor a carne quemada es el anuncio de que el público debe retirarse aun a su pesar. Algunos se quedan a verlo arder durante unos minutos, pero al poco tiempo el lugar queda vacío. Un aroma pútrido se apodera del ambiente. Richard, así es su nombre o lo fue en algún momento, es arrastrado por sus captores hacia una sala llena de máquinas y en casi total oscuridad. Lo arrastran porque su cuerpo, pasada la euforia de las drogas, ha quedado inutilizado hasta el próximo encuentro. Atado en una camilla, y con el sadismo encarnado en sus facciones, se quedara a disfrutar su victoria. Una sedante victoria que ahora está una vez más ingresando por un gotero a su cuerpo.

1 comentario:

  1. No es temática bdsm, no me interesa.
    Bueno, no.
    Parece estar buena y voy a esperar con ansias los futuros capítulos mientras me como las uñas. Obvio que quiero saber cómo terminó Richard ahí.
    Besitos, la radio y el blog están re buenos.-

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