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viernes, 16 de mayo de 2014

Las arenas

(La historia se traslada a http://nikuysusarenas.blogspot.com.ar/ para no mezclarse con los otros textos) 

Capítulo 1: Amanecer violento (Leer prólogo)

Un hombre con la mirada perdida se acerca a la entrada. El guardia, atento a sus movimientos se acerca a hablar con el con la mirada altiva. Tres pasos, dos pasos, un paso de distancia entre ellos era la distancia cuando la mirada del guardia deja de ser altiva. Era un simple portero. Lo entrenaron para custodiar una puerta, y lo hizo bien hasta el final. Un simple hierro descendió sobre su cabeza, una vez, dos veces, tres, diez. Al poco tiempo la mirada altiva del guardia pasó a ser una masa roja desparramada en la vereda.
Al instante fue obvio para todos lo que estaba pasando, no era la primera vez, ni sería la última. Poco menos de un mes había pasado desde el primer incidente y la gente aun seguía sin aceptar que un producto tan simple pudiera causar tanto caos. Un remedio contra la somnolencia, una simple pastilla de venta libre que resultó ser inofensiva en las pruebas; pero que combinada con el consumo de otras drogas simples resultó en un cóctel capaz de licuar un cerebro en pocas horas. Pero no era este el peor de sus efectos, la muerte era leve comparada con lo que les pasaba a quienes mezclaban este remedio con sedantes de cualquier tipo. El cerebro quedaba suspendido de toda razón, pero el cuerpo seguía bajo un frenesí inacabable y sin control. 
Este fue un incidente más, no fue el último, pero fue la gota que derramó el vaso. Fue especial porque no pasó en un edificio cualquiera, pasó en la entrada de un edificio cargado de celebridades, políticos, empresarios y gente del más alto nivel. Fue especial porque a los de arriba no les gusta que les toquen el culo.
En solo cuestión de horas se empezaron a mover los hilos, y al cabo de pocos años los más grandes gobiernos se estaban sumando a una propuesta que tuvo nido en países bajos en donde fuerzas como la O.N.U. u organizaciones de derechos humanos no tienen voz ni voto. La medida, aunque poco ortodoxa demostró gran efectividad en reducir no solo la violencia en las calles, si no también los conflictos con el narcotráfico, los robos, los secuestros, todo. Países que en semanas pasaron de ser tierra de nadie a utopías con una medida tan simple que hizo al mundo replantearse muchas cosas. 
La nueva ley resultó una simple vuelta a las bases. La re-imposición de los coliseos sonó disparatada en un principio, pero quienes la impulsaron tuvieron tal empuje que lograron que se aplique. En un principio consistía en una forma de evasión a la cárcel o a la cámara de gas. Al poco tiempo, tantos reclusos la prefirieron que las cárceles fueron desapareciendo lentamente. Lo que nadie esperaba era que simples drogadictos, gente violenta que aun no había cometido crímenes y incluso personas que no lograban distinguirse de madres o padres de familia pedían a gritos que se les incluya en el programa. Las drogas, suministradas a los ganadores, y solventadas por los impuestos de la gente cumplieron un gran papel en esto. Pues, aunque cueste creerlo, esto abrió una puerta hacia un mundo con el que muchos hombres soñaban en secreto. Un mundo de violencia sin control, fama y lo más importante, la supervivencia del más fuerte. En este lugar, no importa el sexo, color, posición social ni nada de esas mierdas, aquí solo se consigue lo que puedas arrebatar de las manos a los demás. El coliseo le ofreció a la gente la posibilidad de sentir el "live fast die young" en su máxima expresión. Las arenas eran un mundo aparte, y quienes elegían entrar nunca lograban salir. 

Las arenas

(La historia se traslada a http://nikuysusarenas.blogspot.com.ar/ para no mezclarse con los demás textos)

Prólogo: 

Acercándose a la arena, no logra entender como terminó en esa situación; tampoco le importa. Es lógico, las drogas hicieron estragos en su razón. Cada gota de sangre que derrama lo acerca un poco a la muerte y sin embargo, el sigue adelante. Ya no es un hombre, es una bestia, es el despojo de una bestia que, lastimada y maloliente, se acerca a otra en igual circunstancia. Quien sabe que delito lo condenó a este destino si es que realmente cometió alguno. Las voces se elevan en las plateas, están ansiosos de ver sangre. Y esta no se hace esperar, un golpe certero de sus manos derriba a su oponente. Lo demás es historia repetida. Se abalanza sobre su presa y la golpea ferozmente con ambos puños. El instinto lo hace buscar la cabeza. El público se enardece y los gritos de los contrincantes se pierden entre la multitud. Tomándolo de los pelos, golpea una y otra vez su cabeza contra el suelo. Su enemigo ya dejó de moverse hace tiempo, pero algo lo impulsa a seguir. Es obvio que al público le agrada, y el está ahí para satisfacerlos. El público, su gran proveedor; cada moneda que le arrojan, cada apuesta, cada ovación de pie que le regalan no hace más que agrandar su dosis. La droga que le suministran es lo que lo impulsa más allá de lo humano. Su razón murió hace tiempo, pero él tiene por qué vivir. La droga es su cielo en la tierra, y no piensa dejar que un debilucho que ya no se mueve se la arrebate. Una enorme compuerta se abre y varios agentes armados salen a buscarlo. Lo toman de los brazos y lo esposan, pero él no ofrece resistencia, él va con una sonrisa hacia ellos. Los busca con la mirada buscando su aprobación. De pronto la bestia deja de serlo y se convierte en un perro faldero. Un agente se adelanta y sin titubear desata un huracán de fuego proveniente de una manguera sobre el cadáver aun tibio. El combate queda oficialmente cerrado, el olor a carne quemada es el anuncio de que el público debe retirarse aun a su pesar. Algunos se quedan a verlo arder durante unos minutos, pero al poco tiempo el lugar queda vacío. Un aroma pútrido se apodera del ambiente. Richard, así es su nombre o lo fue en algún momento, es arrastrado por sus captores hacia una sala llena de máquinas y en casi total oscuridad. Lo arrastran porque su cuerpo, pasada la euforia de las drogas, ha quedado inutilizado hasta el próximo encuentro. Atado en una camilla, y con el sadismo encarnado en sus facciones, se quedara a disfrutar su victoria. Una sedante victoria que ahora está una vez más ingresando por un gotero a su cuerpo.

lunes, 12 de mayo de 2014

Amigos

"Y así, tras varios minutos de trabajo y unas cuantas paladas de tierra sellamos bajo un viejo caldén una amistad que perdurará por siempre"


Carta a "Cachito" (página 1)

A Cachito:
             Siete años de trabajo duro, esfuerzo, estudio y un diploma bajo el brazo son los únicos recuerdos que me dejó la estadía en la ciudad. Ahora, al regresar a casa, me acuerdo una vez más la paz que sentía cuando solo éramos unos niños y no importaba más que pasear en bicicleta y recorrer las calles del pueblo sin rumbo fijo; cuando todo lo que hacíamos era dormir tranquilamente bajo la sombra de la arboleda y hacer planes para el futuro después de largos ratos estirando la chocolatada que preparaba tu vieja.
             Durante años, sin saber por que, me mantuve con la idea fija de volver apenas pudiera. Aprovechando que vine de sorpresa y no había nadie en casa, salí a recorrer las calles, y me alegré de que nada haya cambiado mucho en todo este tiempo. 
             A la noche volví a casa, mi vieja casi se desmaya. La pobre no me reconoció con el pelo largo y todo barbudo. Me presentaron parientes que ni conocía, dos cuñados y una vecina gordita que seguro te gustaría. 
             Estaba a punto de acostarme cuando encontré entre mis cosas viejas una foto que me aclaró de golpe las ansias de volver. Era esa que nos sacamos bajo un caldén en la quinta de tus tíos. Me vinieron a la mente esas últimas horas antes de subir al tren y la promesa de reencontrarnos apenas volviera. Corrí a buscar la guía, el teléfono y llamé a la casa de Lucía...

(Anotaciones en el diario de Lucía)

22 de Octubre.

Hoy estaba casi dormida cuando recibí un llamado de Lucas. Volvió de Córdoba y estaba muy emocionado. Me pidió que lo llame a Cacho y le diga de juntarnos mañana a las 7 de la tarde. El horario que elegimos porque a esa hora salió el colectivo en el que Lucas se fué. No se como mirarlo a los ojos mañana y decirle lo que pasó.

23 de Octubre.

Hoy lo vi por primera vez en siete años. Fue como ser una adolescente de nuevo. Es increíble la forma en que ignora el paso del tiempo. 25 años y sigue pareciendo el nene al que despedimos. Corrí a abrazarlo, pero no podía ni mirarlo hasta que él me obligó. No pronuncié una palabra. Me preguntó por Cacho y rompí en llanto. Lucas me vio y entendió todo; me abrazó y besó en la frente. Agarró una pala y se puso a cavar con cuidado. La lata brilló cuando le dio el sol y él la tomó. La abrimos sabiendo que esa lata contenía nuestra niñez, nuestra historia y nuestra amistad. De su interior sacamos un soldadito de plomo que él mismo dejó años atrás, un caracolito de nuestro viaje a la playa que había sido mi tesoro cuando niña y un trompo de madera con el que siempre jugaba Cachito. Al final, sacó tres sobres, guardó el mío y el que tenía su nombre y nos sentamos a leer el tercero. 
Pasamos un largo rato mirando las palabras de Cacho con lágrimas en los ojos, al terminar, Lucas se secó y se puso a escribir una nueva carta. Sacó los dos sobres de su bolsillo y cada uno leyó el suyo en silencio. Luego metimos todo de nuevo, en su sobre metió la nueva carta y agregamos algo más. Yo una pulsera que Cacho me regaló; él, la medallita que le dieron cuando se recibió. Al final, nos despedimos y prometimos vernos esta noche.


Carta a "Cachito" (página 2)

 ... Cuando me contestó la noté triste y nerviosa, le dije que hoy nos juntábamos a cumplir nuestra promesa de reencontrarnos y que me hiciera el favor de avisarte. Hoy vos no estás, pero no te preocupes que estás perdonado. Te vamos a extrañar hermano, pero ya nos veremos de nuevo. Te dejo esta carta como despedida, ya que la otra solo decía "Nos vemos y cuando llegue hacemos un picadito. Haganme acordar de que le diga lo que siento a Lucía". 
        Perdoname, te debo una. Hoy la invito a salir, y pronto te voy a visitar para contarte como nos fue y llevarte flores. 

Con amor, Lucas.

(Anotaciones en el diario de Lucía)

24 de Octubre.

Anoche salimos con Lucas y le dije todo lo que sentía. Me pidió ser su novia y casi exploto de alegría. Como ya no necesito este diario, te lo dejo como un recuerdo, Cachito. Gracias por todo, incluso desde el cielo me seguís ayudando. 


"Queridos Lucas y Lucia, para cuando lean esto, Lucas va a ser un abogado y vos Lu toda una mujer. Como lamento no estar ahí para verlos, pero no me atrevo a decirles lo poco que me queda de vida. Me van a odiar, pero no puedo arruinar este momento. A cambio, les dejo un consejo, corten con las vueltas, están hechos el uno para el otro. Los quiero chicos, y lo voy a seguir haciendo hasta el final"